VIAJAR Y DISFRUTAR: _________________________ SAN CEBRIÁN DE MUDÁ, PALENCIA, ESPAÑA

Cuando uno cree que ya no existen lugares de paz alejados del mundanal ruido, algún conocido te descubre la pequeña población de  San Cebrián de Mudá. Lugar de ensueño anclado en el tiempo que nos hace retroceder a una época donde las interrelaciones humanas eran la base de nuestra sociedad. La hospitalidad no era una opción y sí una manera de entender la vida. Volver a nuestras raíces ancestrales en uno de los parajes más especiales que recuerdo. Antiguos y frondosos  bosques rodean San Cedrián en un viaje que merece la pena recorrer de la mano de su alcalde Jesús. Buen conocedor de cada árbol, rincón, montaña o huella en el camino.

Estar a solo tres horas y media de Madrid hace de este viaje un mas que interesante destino para volver a los orígenes del hombre. Cuando unidos a la naturaleza hacíamos de nuestro planeta un lugar sostenible.

 

Esta cuenca minera reconvertida en destino turístico aún por explotar me hace recordar una época en la que jugar en la calle y reír con los amigos era parte fundamental de nuestro desarrollo como seres humanos. 

 

Conduciendo hacía el ayuntamiento uno se topa con el observatorio de estrellas. Silo de carbón reconvertido en lugar de observación e historia de la minería. Alojados en el Albergue Goina uno puede recordar como eran los campamentos en nuestra juventud y sentir de nuevo lo que es dormir en una litera. Pasear por sus tranquilas calles nos traslada a la edad de nuestros abuelos. Un silencio solo roto por el sonido de la naturaleza, nuestra voz y la amabilidad de los locales. Pasear en bici eléctrica por la zona o patear las pistas y los caminos.

Volver a los orígenes y tomarte una cerveza Zubr, o dos en el bar del pueblo.

Vuelvo la vista atrás y me reencuentro con nuestra propia historia, las llanuras americanas de Mountain Valley y los bosque de Dakota el Norte. Atisbo en la bruma de la mañana siluetas imposible, sonidos ancestrales llenan mis oídos instantes antes de frotarme lo ojos para descubrir una manada de bisontes del cuaternario surgiendo de la nada. Gigantes de una tonelada que redondean una escena que bien podría ser un cuadro de George Catlin, Frederic Remington, Charles M. Russell o Charles Schreyvogel. Pienso entonces en la suerte que tengo y en el silencio solo roto por el graznido de un cuervo. Imagino lo que sintió el hombre primitivo al pintar el bisonte de Altamira. A mi mente vienen imágenes de miles de estos animales llenando este maravilloso paraje. No tengo cobertura en mi movil y uso su cámara. Mis sentidos se abren a la naturaleza y me descubro disfrutando de ella.

Sin duda una experiencia que enriquece el alma. Altamente recomendable.

Fotos:The Glimpse Studio