Visibilizar a las mujeres que han tenido que ver con la historia de Alcalá de Henares es un objetivo prioritario desde hace tiempo en nuestra ciudad. En Lux Moments queremos además alzar las voces de las mujeres contemporáneas que destacan por su gran labor. Próximamente iremos publicando sus artículos de opinión que generosamente ceden a este medio de comunicación, lo que les agradecemos de corazón. 

ROSA FUNES

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Pediatra Neonatóloga, es miembro de la Asociación Española de Pediatría y miembro numerario de la Sociedad Española de Neonatología. Profesora asociada de la Universidad de Alcalá de Henares. Vocal de pediatría hospitalaria en la Mesa de Trabajo sobre Salud Digital de la Policía Nacional de Alcalá de Henares. Ha publicado un pequeño poemario "Trilogía del Desorden" y ha colaborado en la antología poética Discípulas de GEA, ambas de la editorial Inventa Editores. También es autora de un relato en el libro "Esto no es un Puto Vinilo" de la editorial Bala Perdida.

SEPTIEMBRE  2021

¿ATENCIÓN TEMPRANA o ABANDONO TEMPRANO?

¿Conocen ustedes la Atención Temprana? Por si acaso no lo saben, les aclaro que se trata de un conjunto de intervenciones destinadas a favorecer el óptimo desarrollo y la máxima autonomía personal de los menores de seis años con trastornos en su desarrollo, o en situación de riesgo de padecerlos. Su objetivo es minimizar y, en su caso, eliminar los efectos de una alteración o discapacidad, así como la aparición de discapacidades añadidas, facilitando la plena inclusión familiar, escolar y social y la calidad de vida del menor y su familia.  

Me llama la atención y me preocupa ese límite marcado a los seis años. ¿Qué parámetro se ha tenido en cuenta para fijar esta edad? ¿Acaso a partir de los seis años ya no tiene importancia lo que ocurra?

Además, hay muchos niños susceptibles de necesitar Atención Temprana: por poner un ejemplo sencillo, puedo hablar de los grandes prematuros. Cada día las Unidades Neonatales están mejor preparadas para atender a estos niños, muchos con un peso menor de quinientos gramos, y disponen de tecnologías y personal altamente especializado para ofrecer los mejores servicios a estas familias. Niños con tremendas complicaciones durante las primeras semanas de su vida que salen adelante gracias a profesionales de un nivel inimaginable. Nadie parece haber caído en la cuenta de todo lo que se invierte en salvar a estos niños y del coste económico y humano que supone. Muchos de ellos tienen secuelas, tienen graves alteraciones del neurodesarrollo y necesitan seguimiento y atención multidisciplinar cuando salen del hospital. No necesitan solo a un pediatra que les recete paracetamol cuando tengan fiebre: necesitan a multitud de especialistas que configuran la Atención Temprana, y de ello dependerá que evolucionen de una manera favorable o que tengan muchísimas más dificultades el resto de su vida de las que han tenido hasta el momento del alta. Del mismo modo que los grandes prematuros, muchos niños, con otros tipos de patologías muy diversas y a veces muy desconocidas, precisan de manera urgente este apoyo.  En el caso de la Comunidad de Madrid la Atención Temprana sufre un embudo (ya existente antes de la pandemia por SARS-CoV2) llamado CRECOVI (Centro Regional de Coordinación y Valoración Infantil). La demora en ser atendidos resulta muy preocupante dada la importancia que tiene que la atención sea lo más precoz posible. Nuestros niños reciben millones de cuidados al nacer para luego ser abandonados en la más absoluta desidia. ¿Alguien imagina una cirugía de rodilla sin rehabilitación, o una cirugía ocular sin revisiones, o un trasplante de un órgano sin medicación, o con medicación solo hasta cierta edad? Entonces, ¿por qué abandonamos a los niños que necesitan Atención Temprana, condenándolos a secuelas irreversibles? 

No parece tolerable el abandono de los niños con necesidades especiales por parte de los servicios públicos de salud. No parece tolerable que todo dependa del nivel adquisitivo de los padres para que puedan buscar soluciones alternativas. Debería ser una prioridad en cualquier programa político… y de momento solo hay vacío. 

AGOSTO  2021

SALUD MENTAL INFANTIL

En todos los entornos pediátricos ha saltado una alerta que venía asomando de manera tímida desde hace unos años: la patología psiquiátrica en los niños. Cada vez son más frecuentes las consultas en las urgencias infantiles de patologías no exactamente orgánicas. A veces los pediatras bromeamos y pensamos que vamos a tener que cambiar los libros de texto, porque, así como casi han desaparecido, gracias a las vacunas, enfermedades que no hace muchos años podían ser mortales, han aparecido otra serie de patologías de la esfera psicosocial y psiquiátrica que nos tienen muy preocupados y sobre las que tenemos muchos menos conocimientos. Los pediatras somos esos especialistas que podemos atender a un recién nacido prematuro de 500 gramos o a un adolescente de 90 kg pasando por todas las demás edades con sus diferentes pesos y características madurativas y con sus infinitas patologías según la edad. Los pediatras contamos con una gran capacidad de comprensión con los problemas típicos de cada edad y una gran capacidad de escucha con los niños, pero no somos especialistas en salud mental. Cada vez necesitamos más ayuda de los psicólogos clínicos y psiquiatras infantiles para enfocar y tratar a estos pequeños. También necesitamos cada vez más, ingresar a estos niños en servicios especializados. Por si no lo saben, hay una gran falta de estos servicios. Los niños y adolescentes con problemas de autoestima, con intentos autolíticos reales, con adicción a juegos y teléfonos móviles, con ansiedad, con problemas de control de emociones, con problemas de agresividad, depresión y un largo etc. van multiplicándose sin que exista una cobertura suficiente dentro de nuestro sistema sanitario. Muchos de estos niños esperan días y días en los servicios de urgencias de hospitales comarcales a que quede una habitación libre en los Servicios de Psiquiatría Infantil de Madrid.

Qué está pasando para que esto suceda sería muy largo y complejo de explicar y además, lo haría mucho mejor un especialista en salud mental infanto-juvenil. Por hace una breve reflexión, en mi opinión, multitud de factores, muchos de ellos sociales y familiares, están afectando de manera muy preocupante al desarrollo madurativo de nuestros niños. El acceso libre y demasiado temprano a las redes sociales y sus contenidos del todo inadecuados para algunas edades, también son una causa del aumento de este tipo de patología. También creo que debemos replantearnos la educación de nuestros hijos, enseñarles el valor del esfuerzo, enseñarles a no quitarse una medalla cuando ésta no sea la de oro, enseñarles a aceptar sus imperfecciones físicas o de otro tipo. Enseñarles en resumen que la vida tiene baches y dificultades y que no es solo lo que asoma en los perfiles de Instagram de sus amigos virtuales. 

JULIO  2021

¿EDUCAMOS?

Si buscas en la RAE la palabra educar, puedes encontrar entre otras definiciones, dirigir, encaminar, enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía etc. 

No es extraño en los tiempos que corren que un joven (adolescente o no), no se levante para ceder el asiento en el tren o en el autobús a una persona mayor o a una embarazada, o que no sujete una puerta para ceder el paso a un anciano o que no salude al cruzarte en el portal o cualquier otro tipo de detalle de civismo similar. No es extraño que ni se les pase por la cabeza. Entonces criticamos abiertamente a estos jóvenes tan mal educados sin darnos cuenta de que les hemos educado nosotros, sus padres. Cada vez es más frecuente la situación de niño tirano en la calle, en la escuela, en la consulta. Ese niño carente de todo tipo de límites que grita y es capaz de montar la pataleta del siglo si no consigue de manera inmediata lo que quiere. Cada vez es más frecuente que los planes de los adultos se hagan en función de lo que desean (o exigen) los niños, no salimos que el niño hoy no quiere, por ejemplo, o he hecho sopa porque el niño no quiere otra cosa. ¿Qué estamos haciendo? ¿Acaso no nos damos cuenta de que la educación de nuestros hijos es responsabilidad fundamental de los padres, que somos nosotros los que tenemos que pulir el diamante en bruto que mecemos en nuestros brazos al nacer, que somos nosotros los que tenemos que elegir los límites que queremos ponerles y que sean impenetrables para dotarles de la fortaleza mental suficiente para encarar las distintas situaciones de la vida? ¿Acaso no vemos que cada acto tiene una consecuencia? 

 Eduquemos a pesar de que la educación es siempre sinónimo de conflicto con ellos. Enfrentemos cada reto con nuestros hijos pequeños como si se tratara de administrar un medicamento: es necesario para mi hijo que se tome este jarabe y se lo doy, aunque no le guste. Administrémosles el jarabe amargo de los límites y que sepan desde su más tierna niñez que hay cosas que no pueden hacer, o tocar, o ver, o leer, etc. Que conozcan y practiquen el civismo como actividad extraescolar obligatoria.