Visibilizar a las mujeres que han tenido que ver con la historia de Alcalá de Henares es un objetivo prioritario desde hace tiempo en nuestra ciudad. En Lux Moments queremos además alzar las voces de las mujeres contemporáneas que destacan por su gran labor. Próximamente iremos publicando sus artículos de opinión que generosamente ceden a este medio de comunicación, lo que les agradecemos de corazón. 

ROSA FUNES

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Pediatra Neonatóloga, es miembro de la Asociación Española de Pediatría y miembro numerario de la Sociedad Española de Neonatología. Profesora asociada de la Universidad de Alcalá de Henares. Vocal de pediatría hospitalaria en la Mesa de Trabajo sobre Salud Digital de la Policía Nacional de Alcalá de Henares. Ha publicado un pequeño poemario "Trilogía del Desorden" y ha colaborado en la antología poética Discípulas de GEA, ambas de la editorial Inventa Editores. También es autora de un relato en el libro "Esto no es un Puto Vinilo" de la editorial Bala Perdida.

ENERO  2022

EMPATÍA 

                  Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos (DRAE)

 

He leído una noticia en los medios de comunicación: se han agotado los test de antígenos. He pensado: “si solo se hubieran agotado los test de antígenos estaríamos de enhorabuena”. 

Dice la RAE que agotarse es cansarse extremadamente. Y eso es lo que sucede hoy con los profesionales de la sanidad. Conviven con un cansancio extremo. Covid_19 ha venido para vaciar todo nuestro contenido emocional y extenderlo en la alfombra de cada casa o en el suelo de los pasillos del hospital para ser pisoteado por todos. 

Desde aquel marzo de 2020, cuando comenzó el confinamiento obligado, han pasado ya 1 año y 9 meses.  En ningún momento Covid_19 ha dejado de estar entre nosotros y en ningún momento ha dejado de ser una seria amenaza. Son muchos los profesionales sanitarios que, dependiendo del lugar donde desarrollan su trabajo diario, no han podido dejar de ponerse el EPI un día tras otro y no han podido dejar de estar expuestos a este virus mutante e invasivo. En sus retinas tienen grabadas miradas, palabras y despedidas que no acaban nunca y a las que no les ven el final. La sobrecarga de adrenalina y la enorme capacidad de lucha de las primeras semanas de esta pandemia, alentada por los aplausos de las ocho de la tarde, se han convertido en desánimo, angustia, depresión y miedo. El trabajo frente a los pacientes, para muchos profesionales, se ha convertido en una enfermedad propia, que va minando la moral lentamente, cuando no la salud misma. Ya no encuentran dónde agarrarse. Las condiciones laborales de muchos de ellos y la incertidumbre sobre sus contratos de trabajo son intolerables, sobre todo en la situación epidemiológica que se vive actualmente.

El agotamiento del personal sanitario es muy preocupante y a su vez parece no preocuparle a nadie.  Es posible que quien no haya vivido en su piel esas primeras semanas de muerte y enfermedad salvajes no puedan llegar a imaginar lo que quiero decir. 

Resulta muy injusta la crítica destructiva hacia los sanitarios por juntarse con amigos o familiares, haciendo lo que hace el resto de los ciudadanos. A algunos profesionales, (a muchos en realidad), habría que hacerles un monumento, un homenaje sincero y multitudinario por dejarse la piel desde hace ya casi dos años cuidando enfermos de Covid_19. Pero es más sencillo colocar titulares sobre los contagios en sus reuniones o festejos: puede que no sea el momento de reunirse a celebrar nada, pero tampoco es el momento de sacar titulares sensacionalistas sobre sanitarios. ¿Cuántos titulares sobre contagios masivos hubo cuando se cubrían con bolsas de basura en vez de con los EPI? ¿Cuántos titulares hubo cuando se quedaban doblando turnos o haciendo más horas porque no había manos suficientes? ¿Cuántos titulares hubo cuando los ginecólogos atendían hombres ahogándose o los pediatras atendían abuelos que no podían respirar? ¿Cuántos cuando todos los sanitarios fueron a una para salvar a miles de personas? 

Les pido un favor. Pónganse, unos segundos tan solo, en la piel de esas personas y corran su riesgo día tras día, día tras día, día tras día y luego díganme si no merecen un poco más de respeto. Solo un poco más de respeto de todos, un poco más de empatía, también por parte de la prensa. 

DICIEMBRE  2021

EN DEFENSA DE LA ATENCIÓN PRIMARIA

 

Hace casi 20 años tuve la suerte de trabajar como pediatra de Atención Primaria en un consultorio local de un pueblo de Guadalajara. Había mucha población joven con niños pequeños y enseguida mi cupo aumentó a cifras insospechadas e inmanejables. En invierno, entre la demanda citada, las revisiones del Niño Sano programadas y las urgencias, podía fácilmente atender a ochenta o noventa pacientes. 

Pasaba consulta sola, sin ayuda de ningún otro profesional, salvo una enfermera, compartida con adultos, que podía participar solo en las revisiones programadas. No sé si podéis imaginar una consulta de pediatría invernal. Niños envueltos en mil capas, como cebollas, a los que hay que desnudar para poder explorar adecuadamente. No sé si imagináis el tiempo que solo este hecho supone. La consulta era muy intensa, niños sanos, niños enfermos, niños con enfermedades crónicas, padres o abuelos preocupados buscando remedio a los inasequibles virus o a las agresivas bacterias. Problemas sociales, dificultades económicas, muerte de familiares, separaciones, suspensos, contrariedades de todo tipo y no solo obstáculos meramente físicos, se planteaban en mi consulta. Y cada mañana buscaba la manera de escuchar a todos los niños y a sus familiares sin perder el ánimo e intentando resolver de alguna manera sus cuestiones. Ellos confiaban en mí. Yo me sentía con el compromiso de solucionar sus problemas.

Confieso haber sentido angustia en el coche de camino al consultorio solo de pensar en el listado de pacientes que ese día tendría que atender. Confieso haberme quedado muchas veces intranquila con algún niño al que no pude dedicar todo el tiempo que habría querido o requerido. Confieso que no abandoné mi trabajo porque era un horario de mañana con fines de semana libres y me venía muy bien para cuidar a mis hijos (la famosa conciliación familiar). 

Veinte años después nada ha cambiado. Ha empeorado. Veinte años después, las agendas en Atención Primaria siguen siendo inhumanas. Las citas se demoran cada vez más y el tiempo para atender a cada niño es cada vez menor.  Los problemas psicológicos de padres e hijos se han multiplicado de manera muy alarmante (podéis leer la columna Salud Mental Infantil de agosto) y las enfermedades siguen siendo las mismas que siempre, pero adornadas (o mejor dicho agravadas) con la pandemia por SARS-CoV2.

Todos los trabajadores de la Atención Primaria de nuestro país están sufriendo en directo el hundimiento de lo que siempre fue la base y el cimiento de nuestra Sanidad Pública. Contar con un buen Médico de Familia (con mayúsculas, sí) o con un buen Pediatra, contar con una buena Enfermera de Atención Primaria, con tiempo para desarrollar bien su trabajo, con buenas condiciones laborales, solucionaría probablemente el 90% o 95% de los problemas que aquejan los pacientes. Problemas que se dispersan entre demoras esperando ser atendidos por el especialista médico o por el psicólogo clínico. 

Debemos ser conscientes de la gran pérdida que estamos sufriendo. Debemos luchar por no perder nuestra Atención Primaria. No dejemos que los políticos pongan precio a nuestras enfermedades. Sin Atención Primaria no hay base para una buena Sanidad Pública, sin Sanidad Pública nuestra calidad de vida se verá mermada de una manera que quizá muchas personas hoy, no alcancen ni a sospechar. 

NOVIEMBRE  2021

MEDICINA A GOLPE DE SENTENCIA

La carrera de juez en nuestro país es una apuesta complicada. Exige no solo superar la carrera de Derecho, sino también pasar un durísimo examen para el que habitualmente los aspirantes dedican varios años de preparación sin tener la certeza, claro está, de poder superarlo. Es necesaria una preparación muy específica para realizar una tarea tan exquisita como es la de juzgar a una persona aplicando la ley. Yo, licenciada en medicina y cirugía y especialista en pediatría y neonatología no me veo en ningún caso preparada para tomar decisiones que impliquen interpretar una ley y dictar una sentencia. Ser médico en España tampoco es tarea fácil. No solo debes sacar la mejor nota en selectividad, sino superar seis años de duros exámenes y prácticas. Después debes presentarte a un examen a nivel nacional para poder realizar la especialidad que deseas hacer. Dicho examen te permite, según la nota que obtengas, ser médico interno residente (MIR) durante 4 o 5 años según la especialidad que elijas. Los años de residencia son unos años de durísimo trabajo, estudio y compromiso con los distintos servicios de salud y, por supuesto, con los enfermos. Pero en ningún caso, superar el período de residente te garantiza un puesto de trabajo: para eso tendrás que presentarte a una oposición y aprobarla. 

A lo mejor os preguntáis por qué os cuento esto. Es sencillo. Todavía no doy crédito a que en nuestro país un juez pueda ordenar un tratamiento médico. Un juez cuya preparación en leyes es exquisita, pero cuyo conocimiento de la medicina, de sus evidencias científicas y de sus enormes dificultades es nula. 

Un médico estudia desde el primer día de su carrera y no deja de hacerlo hasta el final de su vida profesional. Visita constantemente páginas y revistas científicas de gran impacto e intenta estar siempre actualizado en su especialidad. Aun así, muchos casos clínicos han de debatirse entre distintos especialistas y es muy complicado llegar a un consenso y a una decisión sobre el tratamiento a seguir. Por eso me llama poderosamente la atención que un juez pueda tomar una decisión que exige, no solo ciencia, sino también experiencia, para tomarla. 

No es un buen camino ejercer la medicina a golpe de sentencia. No es un buen camino obviar a los profesionales expertos y obligarles a llevar a cabo una actuación médica por encima de su criterio. 

No puedo imaginarme la impotencia e indignación de los médicos a los que se les obligó a tratar con ozonoterapia a un paciente a solicitud de su familia. Es un hecho tan increíble que me hace temer por el futuro de la medicina actual. No solo se desacredita a los profesionales, sino que se les manipula legalmente. 

Como pediatra, en numerosas ocasiones, doy parte al juzgado de guardia por una sospecha de maltrato sobre un niño. A veces incluso cuento con numerosos testimonios y datos para juzgar esa situación. Sin embargo, en ningún caso, en ninguno, se me ocurriría ejercer de juez y condenar a alguien. Dejo siempre que la ley la aplique quien está preparado para ello. Respeto su espacio.

¿Qué tipo de atropello supone que alguien ajeno a la medicina obvie las opiniones de los profesionales e imponga un tratamiento? ¿Va a hacerse cargo ese juez de las posibles complicaciones? ¿Va a seguir dictando sucesivas sentencias según las peticiones de los familiares? Me pregunto hasta dónde debemos aguantar este tipo de decisiones irresponsables y de consecuencias en absoluto calculadas. 

OCTUBRE  2021

HUMANIZAR, EL TÉRMINO MEDIO

 

Como bien decía Aristóteles “En el término medio está la virtud”. Ni está bien que en la habitación de un enfermo hospitalizado se acumulen un montón de personas, ni podemos permitir que no haya ningún acompañante. No podemos pasar de que los pasillos de un hospital sean como la Gran Vía en sábado por la tarde, a que sean como los pasillos de un tétrico cementerio de noche. 

Los enfermos son personas, pero personas vulnerables, en ocasiones muy mayores, con temores, con angustias, con necesidad de tener una mano querida cerca. Todos los profesionales sanitarios, todos y de todas las categorías, se han esforzado de manera sobrehumana durante la pandemia Covid19 para que los enfermos ingresados, en la más absoluta soledad, pudieran sentir la cercanía de sus familiares, transmitiéndoles sus mensajes o haciendo llamadas o videollamadas o entregando cartas, por ejemplo. Pero eso no es suficiente. La soledad del enfermo, sobre todo la soledad del enfermo anciano o del enfermo de cierta gravedad, es inhumana. Tengo grabadas muchas de sus  miradas, llenas de preguntas, llenas de incertidumbre y miedo que no encontraban consuelo en los ojos ajenos que intentaban tranquilizarles. 

Creo que es posible, aun en pandemia, establecer un programa de acompañantes con un control riguroso y ciertas normas de seguridad de obligado cumplimiento, que permitieran que acabara ya y de manera urgente, la soledad de los enfermos hospitalizados. 

He visto a mi padre llegar a la planta de cirugía para ingresar y recibir información sobre la ropa que debe ponerse, dónde debe guardar sus objetos personales, dónde está la luz, el timbre, etc. y he podido comprobar la sensación de indefensión e inseguridad que le embargó. Apenas se enteró de nada. Despojarse de la ropa, ponerse ese camisón que todos conocemos hospitalario, meterse en la cama, dejar que tu cuerpo sea monitorizado y pinchado, en el contexto de una enfermedad en muchas ocasiones grave o de pronóstico infausto, es simplemente como he dicho antes, inhumano. 

Creo que es hora de humanizar la hospitalización en la práctica y no sobre el papel. Creo que es hora ya de facilitar que permanezcan juntos los enfermos y sus familias en los momentos que más se necesitan mutuamente. 

SEPTIEMBRE  2021

¿ATENCIÓN TEMPRANA o ABANDONO TEMPRANO?

¿Conocen ustedes la Atención Temprana? Por si acaso no lo saben, les aclaro que se trata de un conjunto de intervenciones destinadas a favorecer el óptimo desarrollo y la máxima autonomía personal de los menores de seis años con trastornos en su desarrollo, o en situación de riesgo de padecerlos. Su objetivo es minimizar y, en su caso, eliminar los efectos de una alteración o discapacidad, así como la aparición de discapacidades añadidas, facilitando la plena inclusión familiar, escolar y social y la calidad de vida del menor y su familia.  

Me llama la atención y me preocupa ese límite marcado a los seis años. ¿Qué parámetro se ha tenido en cuenta para fijar esta edad? ¿Acaso a partir de los seis años ya no tiene importancia lo que ocurra?

Además, hay muchos niños susceptibles de necesitar Atención Temprana: por poner un ejemplo sencillo, puedo hablar de los grandes prematuros. Cada día las Unidades Neonatales están mejor preparadas para atender a estos niños, muchos con un peso menor de quinientos gramos, y disponen de tecnologías y personal altamente especializado para ofrecer los mejores servicios a estas familias. Niños con tremendas complicaciones durante las primeras semanas de su vida que salen adelante gracias a profesionales de un nivel inimaginable. Nadie parece haber caído en la cuenta de todo lo que se invierte en salvar a estos niños y del coste económico y humano que supone. Muchos de ellos tienen secuelas, tienen graves alteraciones del neurodesarrollo y necesitan seguimiento y atención multidisciplinar cuando salen del hospital. No necesitan solo a un pediatra que les recete paracetamol cuando tengan fiebre: necesitan a multitud de especialistas que configuran la Atención Temprana, y de ello dependerá que evolucionen de una manera favorable o que tengan muchísimas más dificultades el resto de su vida de las que han tenido hasta el momento del alta. Del mismo modo que los grandes prematuros, muchos niños, con otros tipos de patologías muy diversas y a veces muy desconocidas, precisan de manera urgente este apoyo.  En el caso de la Comunidad de Madrid la Atención Temprana sufre un embudo (ya existente antes de la pandemia por SARS-CoV2) llamado CRECOVI (Centro Regional de Coordinación y Valoración Infantil). La demora en ser atendidos resulta muy preocupante dada la importancia que tiene que la atención sea lo más precoz posible. Nuestros niños reciben millones de cuidados al nacer para luego ser abandonados en la más absoluta desidia. ¿Alguien imagina una cirugía de rodilla sin rehabilitación, o una cirugía ocular sin revisiones, o un trasplante de un órgano sin medicación, o con medicación solo hasta cierta edad? Entonces, ¿por qué abandonamos a los niños que necesitan Atención Temprana, condenándolos a secuelas irreversibles? 

No parece tolerable el abandono de los niños con necesidades especiales por parte de los servicios públicos de salud. No parece tolerable que todo dependa del nivel adquisitivo de los padres para que puedan buscar soluciones alternativas. Debería ser una prioridad en cualquier programa político… y de momento solo hay vacío. 

AGOSTO  2021

SALUD MENTAL INFANTIL

En todos los entornos pediátricos ha saltado una alerta que venía asomando de manera tímida desde hace unos años: la patología psiquiátrica en los niños. Cada vez son más frecuentes las consultas en las urgencias infantiles de patologías no exactamente orgánicas. A veces los pediatras bromeamos y pensamos que vamos a tener que cambiar los libros de texto, porque, así como casi han desaparecido, gracias a las vacunas, enfermedades que no hace muchos años podían ser mortales, han aparecido otra serie de patologías de la esfera psicosocial y psiquiátrica que nos tienen muy preocupados y sobre las que tenemos muchos menos conocimientos. Los pediatras somos esos especialistas que podemos atender a un recién nacido prematuro de 500 gramos o a un adolescente de 90 kg pasando por todas las demás edades con sus diferentes pesos y características madurativas y con sus infinitas patologías según la edad. Los pediatras contamos con una gran capacidad de comprensión con los problemas típicos de cada edad y una gran capacidad de escucha con los niños, pero no somos especialistas en salud mental. Cada vez necesitamos más ayuda de los psicólogos clínicos y psiquiatras infantiles para enfocar y tratar a estos pequeños. También necesitamos cada vez más, ingresar a estos niños en servicios especializados. Por si no lo saben, hay una gran falta de estos servicios. Los niños y adolescentes con problemas de autoestima, con intentos autolíticos reales, con adicción a juegos y teléfonos móviles, con ansiedad, con problemas de control de emociones, con problemas de agresividad, depresión y un largo etc. van multiplicándose sin que exista una cobertura suficiente dentro de nuestro sistema sanitario. Muchos de estos niños esperan días y días en los servicios de urgencias de hospitales comarcales a que quede una habitación libre en los Servicios de Psiquiatría Infantil de Madrid.

Qué está pasando para que esto suceda sería muy largo y complejo de explicar y además, lo haría mucho mejor un especialista en salud mental infanto-juvenil. Por hace una breve reflexión, en mi opinión, multitud de factores, muchos de ellos sociales y familiares, están afectando de manera muy preocupante al desarrollo madurativo de nuestros niños. El acceso libre y demasiado temprano a las redes sociales y sus contenidos del todo inadecuados para algunas edades, también son una causa del aumento de este tipo de patología. También creo que debemos replantearnos la educación de nuestros hijos, enseñarles el valor del esfuerzo, enseñarles a no quitarse una medalla cuando ésta no sea la de oro, enseñarles a aceptar sus imperfecciones físicas o de otro tipo. Enseñarles en resumen que la vida tiene baches y dificultades y que no es solo lo que asoma en los perfiles de Instagram de sus amigos virtuales. 

JULIO  2021

¿EDUCAMOS?

Si buscas en la RAE la palabra educar, puedes encontrar entre otras definiciones, dirigir, encaminar, enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía etc. 

No es extraño en los tiempos que corren que un joven (adolescente o no), no se levante para ceder el asiento en el tren o en el autobús a una persona mayor o a una embarazada, o que no sujete una puerta para ceder el paso a un anciano o que no salude al cruzarte en el portal o cualquier otro tipo de detalle de civismo similar. No es extraño que ni se les pase por la cabeza. Entonces criticamos abiertamente a estos jóvenes tan mal educados sin darnos cuenta de que les hemos educado nosotros, sus padres. Cada vez es más frecuente la situación de niño tirano en la calle, en la escuela, en la consulta. Ese niño carente de todo tipo de límites que grita y es capaz de montar la pataleta del siglo si no consigue de manera inmediata lo que quiere. Cada vez es más frecuente que los planes de los adultos se hagan en función de lo que desean (o exigen) los niños, no salimos que el niño hoy no quiere, por ejemplo, o he hecho sopa porque el niño no quiere otra cosa. ¿Qué estamos haciendo? ¿Acaso no nos damos cuenta de que la educación de nuestros hijos es responsabilidad fundamental de los padres, que somos nosotros los que tenemos que pulir el diamante en bruto que mecemos en nuestros brazos al nacer, que somos nosotros los que tenemos que elegir los límites que queremos ponerles y que sean impenetrables para dotarles de la fortaleza mental suficiente para encarar las distintas situaciones de la vida? ¿Acaso no vemos que cada acto tiene una consecuencia? 

 Eduquemos a pesar de que la educación es siempre sinónimo de conflicto con ellos. Enfrentemos cada reto con nuestros hijos pequeños como si se tratara de administrar un medicamento: es necesario para mi hijo que se tome este jarabe y se lo doy, aunque no le guste. Administrémosles el jarabe amargo de los límites y que sepan desde su más tierna niñez que hay cosas que no pueden hacer, o tocar, o ver, o leer, etc. Que conozcan y practiquen el civismo como actividad extraescolar obligatoria.