Visibilizar a las mujeres que han tenido que ver con la historia de Alcalá de Henares es un objetivo prioritario desde hace tiempo en nuestra ciudad. En Lux Moments queremos además alzar las voces de las mujeres contemporáneas que destacan por su gran labor. Próximamente iremos publicando sus artículos de opinión que generosamente ceden a este medio de comunicación, lo que les agradecemos de corazón. 

MARI CARMEN GONZÁLEZ

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Maestra del CEIP Pablo Neruda de Alcalá de Henares. Licenciada en Psicología, diplomada en Pedagogía Terapéutica, monitora de educación sexual. Autora de 'El Brujo Pirujo', 'Un lugar para dormir', 'La Cueva de la pintura', 'Una historia para la prevención del acoso escolar', 'No aguanto más papás, soy una niña y quiero jugar'. Elaboró el método de Educación Infantil: El brujo Pirujo que se puso en práctica para toda la etapa de Infantil  durante varios años en el CEIP Seis de Diciembre. Ponente del curso Metodologías alternativas en la enseñanza. Ha publicado artículos en revistas de educación. Autora de muchos otros cuentos que esperan salir poco a poco de su aula. Maestra por vocación desde hace 27 años y apasionada por su profesión, siempre ha intentado dar a cada alumno lo que necesita.

SEPTIEMBRE 2021

VUELTA AL COLE: IMPORTANCIA DE LA PRIMERA SEMANA

Comenzamos un nuevo curso con grandes conocimientos aprendidos del curso pasado en cuanto a medidas que tenemos que llevar a cabo frente a la prevención del COVID-19. Tendremos que seguir poniéndolas en práctica a lo largo de este nuevo curso escolar.

De esto no necesito hablar más, hoy quiero dejar reflejado lo que para mí tiene de importante la primera semana de un nuevo curso; es más, yo diría que es, si cabe, la más importante.

Cuando comienzas con nuevos alumnos y dedicas la primera semana a “trabajar”, sin que ellos a penas se den cuenta, toda la parte afectiva necesaria para conseguir  la integración del grupo  ya tienes mucho conseguido para que el grupo funcione. Obviamente esta parte se trabajará a lo largo de todo el curso, pero la base se comienza a asentar en esta semana y de ella dependerá mucho lo que acontezca después. 

Llevo bastantes años con alumnos de tercero y cuarto. La clase de tercero está formada por la mezcla de niños de segundo. Se conocen del cole, del patio, del comedor o del barrio pero no han estado juntos todos en la misma clase.

Partiendo de esta premisa y de un conocimiento aportado por los tutores de cursos anteriores  de cada uno de los alumnos, ya me pongo en marcha para dar desde el primer día lo que cada uno necesita. 

El primer día tiene que ser tan significativo para ellos que tiene que implicar un recuerdo. Sería ideal que lleguen a casa locos de contentos por contar lo bonito que ha sido y con un deseo enorme de volver al día siguiente al cole.

No debemos pasar por alto a los alumnos nuevos que vienen de otros colegios, los he  tenido en muchas ocasiones. A estos, en este primer día, les facilito una conexión especial para que desde el minuto uno se encuentren cómodos  y se sientan aceptados por el grupo a lo largo de la mañana.

Mis alumnos ese día pasan el menor tiempo posible dentro del aula. Comparten sus experiencias vividas durante el verano partiendo de algo material que les aporto y que será un hilo conductor del que iremos tirando a lo largo del curso. 

Estos primeros días tomo “mucha nota” de las conductas de los alumnos y  en ese “bullicio organizado” es en el que más les  conozco. Esas anotaciones que tomo me servirán para posteriores actuaciones con ellos.

Durante la primera semana elaboramos entre todos “El árbol de las huellas” que simboliza la unión del grupo, la cooperación y la solidaridad. 

También concretamos entre todos las normas de la clase, normas que tienen que ser cumplidas y que si a alguno le cuesta, está el resto de compañeros para ayudarle a que progrese en este sentido.

Descubriremos cómo somos, cuáles son nuestras habilidades, nuestros gustos, aquello que necesitaremos mejorar… Valoraremos en grupo aquellas metas que le cuesten a algún compañero y le acompañaremos siempre que lo necesite.

En la clase nos alegraremos de todo lo que consigan los demás. Cuando un niño recibe algo de la profe está prohibido decir “qué morro”, en nuestra clase nos acostumbramos a comprender por qué la profe le ha dado en ese momento algo a ese alumno y le decimos “qué suerte”. Estos momentos me encantan porque me indican que aunque son pequeños son capaces de comprender que  doy a cada uno lo que necesita y no me estoy refiriendo sólo  a algo material, que también en ocasiones puede serlo, sino a un simple: “hoy tú lees dos páginas”, cuando el resto en la lectura colectiva lee solamente una, por algo será, ¿verdad?

Las risas están aseguradas en clase… y muchas, pero están prohibidas cuando un compañero hace algo mal, bien porque aún no lo ha aprendido o porque tiene alguna dificultad. Os aseguro que esto tiene una importancia enorme ya que esos niños se sienten reforzados y valorados por sus compañeros y cuando lo consiguen, a su ritmo y dentro de sus posibilidades, son los niños más felices del cole  y los aplausos de sus compañeros llegan a todos los rincones del mundo porque son de verdad.

Hacer felices a los niños durante esta semana es para mí lo más importante. Ya tendrán tiempo a lo largo del curso de adquirir los contenidos curriculares  y no es perder el tiempo sino avanzarlo. Cuando un niño se siente feliz en clase, el aprendizaje es más fácil y cuando le escuchas con interés, le haces sentir importante.

Deseo que en el nuevo curso escolar 2021-2022  el Covid- 19 no entre en las aulas, que esté lleno de experiencias bonitas que les faciliten la adquisición de conocimientos y les hagan crecer como personas y aprender  de sus compañeros.

¿Qué tendré preparado para este primer día? 

Besitos mágicos.

Mari Carmen

AGOSTO 2021

LA ADOLESCENCIA EN AÑOS DE PANDEMIA

La adolescencia es una etapa complicada para los chicos, se produce en ellos unos cambios físicos y psicológicos tan grandes que la adaptación les resulta ardua. Sin embargo, los niños tienen, en general, una gran capacidad de adaptación. Cuando dejan la infancia, esa adaptación  exige un esfuerzo tan grande que les impide que exista, durante la adolescencia, una coherencia entre su comportamiento y la edad que representan.

Si a todos estos cambios le añadimos una pandemia ¿Qué está sucediendo en ellos?

La adolescencia es el grupo de la población junto a los ancianos y sanitarios que más ha sufrido las consecuencias de la pandemia. Los chicos con el cierre de los colegios y el confinamiento domiciliario, se quedaron sin algo imprescindible para su desarrollo, el contacto social. En la desescalada fueron los últimos en salir. Las visitas a salud mental aumentaron considerablemente por los factores estresantes  internos que conllevaba una situación tan complicada como la que han vivido: tenían miedo al contagio, a contagiar a los familiares, miedo a la incertidumbre ante la enfermedad, miedo por las informaciones incoherentes que recibían, mucha confusión ante una situación desconocida a la par que atroz. Todo esto les producía ansiedad. También muchos experimentaron el dolor de no poderse despedir de los familiares. Las vacunas para los adolescentes están siendo las últimas en llegar.

Una cosa es verlo desde el punto de vista de un adulto como es el mío y otra hacerlo desde el punto de vista de estos adolescentes. Por ello, a continuación os comparto algunas de las  pinceladas  que he recopilado durante estos días de adolescentes que lo han vivido en primera persona de los 13 a los 19 años:

-La palabra “culpabilidad” se ha repetido en sus reflexiones, les han querido asignar una responsabilidad que no les correspondía y que a la vez les juzgaba de irresponsables. Esta presión social les ha llevado a muchos adolescentes  a experimentar sentimientos que más allá de favorecerles en este momento tan duro, les ha perjudicado convirtiéndose en cierta medida, en una traba para su superación.

- En el ámbito de los estudios, quisieron los profesores, sin echarles la culpa a estos, seguir con el mismo ritmo que cuando iban a los institutos y universidades. Les costó adaptarse a las clases on line. En algunos casos, los alumnos salieron beneficiados pero en otros que no tienen las mismas oportunidades, en el más amplio sentido de la palabra, lo han pasado realmente mal.

-  Han aprendido a valorar cosas que jamás antes se habían parado a pensar. Han descubierto gustos que desconocían. Se han dado cuenta que el COVID-19 llegó a todas las clases sociales. Han conocido más a sus propios padres y hermanos. Comenzaron a hacer mucho deporte.

-Ha sido duro estar lejos de la familia y ver sufrir a tanta gente. Esto último hacía relativizar el hecho de no poder salir a la calle. En la desescalada tenían miedo a cogerlo y poder contagiar a sus padres y fueron muy complicadas las relaciones sociales por ese miedo.

- Por lo que significan en la actualidad las redes sociales, su uso durante la pandemia fue  el recurso indispensable para los adolescentes; les permitía ver a sus amigos y familiares, incluso más que antes. Reconocen que a veces abusaban del uso de internet y  de los videojuegos.

-Parecía una película en la cual  si tu familia o tus conocidos no formaban parte de ella, te parecía como algo irreal.

-Cuando se lo cuenten a sus hijos…les costará creer lo que han vivido sus padres cuando eran unos adolescentes.

- Con las vacunas, sin mascarillas en sitios abiertos, la pandemia es más llevadera… queda un empujón para que esto termine y podamos celebrarlo como se merece.

 

Si nadie estaba preparado para esta pandemia, ¿por qué exigimos a los adolescentes que lo estén?

Os puedo asegurar que a  pesar de todo lo acontecido, muchos adolescentes  han mostrado y siguen mostrando prudencia en sus actos.

¡Disfrutad adolescentes del verano demostrando vuestra sensatez!

Besitos mágicos

Mari Carmen

JULIO 2021

DEBERES DURANTE EL CURSO ESCOLAR: SÍ /

DEBERES DURANTE EL VERANO: NO

El libro 'No aguanto más papás, soy una niña y quiero jugar' lo escribí basándome en la vida cotidiana en la que, en muchas ocasiones, los niños no pueden llevar a cabo el derecho que tienen de descansar y  de  jugar porque  a lo largo del curso escolar están apuntados a demasiadas actividades programadas. Partiendo de esto, considero que el verano es el mejor momento para promover el disfrute de este derecho.
El verano es para que el niño aprenda sin darse cuenta mientras juega a lo que quiera y cuando él quiera y el curso escolar es para aprender jugando contenidos curriculares programados.
A lo largo del curso escolar los deberes que ponemos a los niños son inevitables. No es necesario una exageración de ellos, ni a todos los alumnos tenemos que poner los mismos siempre, lo importante es que esos deberes sean motivadores y que permitan a los niños aprender de una manera significativa.
En vacaciones la palabra deberes no me gusta utilizarla ya que  la tenemos asociada a tareas escolares y en verano no hay que hacer esas tareas que son propias del periodo escolar.
Durante las vacaciones tanto los niños como los padres tenemos que aprovechar el tiempo, ese tiempo que ellos mismos nos demandan continuamente: pasar más tiempo con los papás. Ahí pueden surgir múltiples experiencias que les permiten aprender divirtiéndose. En ese tiempo también es muy importante escuchar a los hijos, sin prisas, mirándoles a los ojos, con calma y dejando atrás todas esas veces que nos cuentan sus cosas y nosotros no nos paramos, porque no tenemos tiempo para escucharlos y mirarlos con calma. Hagamos esto en verano y que se convierta en una rutina para el resto del año.
En ocasiones, cuando los niños no han adquirido todos los contenidos escolares, los padres están preocupados y quieren aprovechar el verano para ayudar a sus hijos con la finalidad de comenzar en septiembre más preparados. En estos casos, yo entiendo a los padres. Podrían   aprovechar para enfocar de manera divertida aquellas lagunas en las que necesiten reforzar, sin necesidad de tener a los hijos sentados con un cuadernillo todos los días para no perder su rutina. ¡Qué aburrimiento obligado!
Es necesario perder esa rutina que tenemos a lo largo del curso escolar, precisamente porque están de vacaciones y necesitan hacer de todo menos esos cuadernillos con cientos de operaciones mejor que participen en las tareas familiares como ir a comprar, en las que pueden hacer operaciones experimentando, que es como verdaderamente se aprende; ayudar a hacer comidas, pesando los ingredientes, etc.
A muchos de mis alumnos les he invitado en vacaciones a escribir un diario, una historia, una canción cuando sienten la necesidad de contar algo, resulta tremendamente atractivo escribirlo.
También que lean aquello que les interese, aquello que despierte su curiosidad y que sea ¡tanto! el interés que despierte en ellos, que les impulse a leer cada vez más por placer.
Y mientras escriben y leen de manera voluntaria, porque les interesa lo que están haciendo, están ejercitando un hábito que para mí es muy importante que lo ejerciten siempre, que es la capacidad de concentración.
Durante el verano, dejemos que los niños sigan siendo niños. No adelantemos etapas. No les pongamos tareas escolares.
Dibujemos en sus días estivales paneles llenos de canciones, bailes, libros, ojos que les miran, oídos que les escuchan, libretas para que escriban cuando lo necesiten, oportunidades para imaginar, materiales para crear todo aquello que imaginan, excursiones familiares, actividades con amigos. Y que los niños tengan la libertad de elegir de cada panel lo que desean hacer en cada momento.
Papás estad tranquilos, porque no les costará tanto adaptarse al nuevo ritmo escolar en septiembre. Vuestros hijos nos han demostrado en este año y medio, la gran capacidad de adaptación que tienen ante las situaciones que les rodea y nos lo han demostrado con creces.
Todos  los niños y niñas, ¡a jugar! Los papás y las mamás, los abuelos y las abuelas, los amigos y las amigas, ¡que no se queden atrás!
¡Feliz verano!
Besitos mágicos