MINI ESCAPADAS.

Texto y fotos: Gema Gomez

SALAMANCA. ESPAÑA.

UN DÍA EN SALAMANCA.

Una escapada de un día puede que se quede corta para grandes ciudades, pero Salamanca, con 39 km cuadrados NO es una de ellas. Sin embargo, a pesar de que el centro de la ciudad se puede recorrer a pie en un par de horas, tiene un gran interés turístico e histórico.

Salamanca se convirtió en la primera ciudad universitaria de España, gracias a la Universidad levantada en 1218 por Alonso IX de León. Durante la época, fue una de las universidades más prestigiosas de Occidente se hizo popular la frase «Quod natura non dat, Salmantica non præstat», ‘Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta’. 

Además de ciudad universitaria, Salamanca es una de las 6 ciudades españoles con dos catedrales, la vieja y la nueva.

Por tanto, habiendo aclarado cuales son las dos joyas de la corona de la ciudad y las visitas obligatorias, voy a proponer un recorrido en 10 paradas para rentabilizar el tiempo en visitar esta ciudad histórica.

Nosotros éramos 7 adultos y dos niños pequeños, por lo que decidimos ir en dos coches. El mejor lugar para encontrar aparcamiento sin tener que pagar (ATENCIÓN no intentes aparcar en el interior de Salamanca porque es zona azul y muchos sitios son peatonales) es la zona del puente romano (al menos nosotros lo encontramos rápido), en el paseo San Gregorio.

La fachada exterior de la casa de Lis tiene una vidriera que quita el suspiro a cualquier enamorado de este tipo de arte. No siempre ha sido un museo de Art Decó, esta edificación se levantó como palacete. La sorpresa que guarda este palacete es su fachada norte, uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista que podemos encontrar en Salamanca. 

Personalmente nunca he entrado para ver las exposiciones de su interior, pero debería ser una visita recomendada para los amantes de este tipo de arte. Es en esencia un museo de artes decorativas que propone un recorrido temporal que abarca desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la II Guerra Mundial. 

Personalmente nunca he entrado para ver las exposiciones de su interior, pero debería ser una visita recomendada para los amantes de este tipo de arte. Es en esencia un museo de artes decorativas que propone un recorrido temporal que abarca desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la II Guerra Mundial. 

Nosotros sólo paramos a admirar la vidriera y seguimos subiendo por una cuesta que le quita el hipo a cualquiera: La calle Tentenecio. Y es que resulta que esta calle también tiene leyenda y mi abuelo, natural charro, se las sabe todas.

Un toro bravo se escapó del mercado de ganado de Salamanca. Corriendo por las calles el animal fue a envestir a una madre con su hijo en lo que anteriormente fue la calle de Santa Catalina. En ese momento, San Juan de Sahagún (patrón de Salamanca) se enfrenta al toro poniéndole la mano

sobre la cabeza y dice: “Tente, necio” en ese momento el animal se detuvo de inmediato. Y es por ello por lo que la calle cambiaría su nombre en recuerdo de las palabras del santo. 

En esa misma calle además hoy en día podemos ver el Centro Documental de la Memoria Histórica.

3.Llegando al final nos damos de bruces con la Catedral Vieja de Salamanca, a mano derecha veremos el Palacio Episcopal y a la derecha la fachada de la Catedral Vieja (No busquen aquí al astronauta porque en esta fachada no está). Ahora mismo nos encontramos en la Plaza de Juan XXIII. 

Seguimos recto por la calle Cardenal Pla y Deniel hasta girar a la derecha por la primera calle que se nos abre, nos encontramos en la Plaza Anaya. Esta plaza tiene algo mágico que invita a la gente a sentarse en los bancos y ponerse a leer, a dibujar… Hacer una parada algo más extensa de lo normal y disfrutar del ambiente que por allí se respira.

4.Ahora en la Catedral nueva sí que encontraremos al famado astronauta por el que tantas leyendas corren. Fue tallado en 1992, el año anterior a celebrarse las Edades del Hombre.. Miguel Romero fue el cantero que lo cinceló en la decoración de la Puerta de Ramos de la Catedral con el objetivo de dejar su firma personal, al igual que hacían los canteros medievales. La elección de un astronauta fue un homenaje al siglo XX como símbolo de modernidad. Por lo tanto, nada de extraterrestres que lo incorporaron en 1512 (año de construcción de la catedral) ni premoniciones ni viajes en el tiempo, sintiéndolo mucho para los conspirativos que le gustan este tipo de leyendas…

A grandes rasgos comentar que la Catedral mezcla los estilos gótico tardíorenacentista y barroco. Es la segunda mayor catedral de España en dimensiones y su campanario, con 93 metros de altura, también es de los más altos de España.

¿Merece la pena entrar a verla? Por supuesto que merece la pena, ya que por 4€ entras a la Catedral Vieja, la Catedral Nueva, el Claustro y el Museo

5.Después de salir de la visita nos encontramos con el Palacio Anaya, está enfrente de las puertas de la catedral Nueva, actualmente alberga la Facultad de Filología y puede que nos recuerde al Congreso por su fachada con sus cuatro columnas jónicas, el frontón triangular y la gran escalinata. El edificio actual data de 1760, no es el original. El primero fue fundado por Diego de Anaya y Maldonado en 1411 para acoger a estudiantes con el fin de que recibieran una enseñanza selectiva lejos de la masificación de la Universidad.

Como se nos echó la media mañana encima fuimos a tomar algo a Las Caballerizas, antiguas dependencias del Palacio Anaya. Es la cafetería de los estudiantes de la Facultad y nosotros siendo naturales de allí, nos sabíamos el truco. Ponen buenas tapas a precio de estudiante, y la decoración de la cafería es majestuosa, parece estar metido en una cueva – pasadizo.

 

6.Después de reponer fuerzas volvimos sobre nuestros pasos hasta la plaza de Juan XXIII donde habíamos estado antes, y nos metimos por la calle Calderón de la Barca para girar más tarde a la derecha por la Calle Libreros. Se te abre una pequeña plaza con la fachada de la Universidad, donde los estudiantes deben buscar la rana para que les de suerte en sus estudios.

Allí nos tiramos cuarto de hora para que mis primos encontraran la rana (la verdad es que de lejos no parece una rana) intentábamos que no mirasen las fotos de los vendedores ambulantes de llaveros y recuerdos en la plaza con la rana para que lo encontraran solos, pero fue imposible ya que una guía que llegó con su grupo unos minutos después reveló el secreto indicándola con el dedo.

La plaza suele estar “abarrotá” con miles de turistas, grupos escolares, vendedores… ¡Una locura! Pero siempre encuentras el hueco para pararte un segundo a mirar la fachada intentando encontrar la rana hasta que llegue el momento de que alguien lo grite desde alguna esquina. Parada obligatoria.

Para ir ya a comer a la plaza Mayor subimos por la calle Libreros y la Plaza de San Isidro, que tienen un ambiente lleno de tiendas de productos locales, bares donde parar a tomar algo… 

6.En la Plaza de San Isidro a mano izquierda nos queda la fachada de la Facultad de Filosofía y avanzando por la calle antigua llegamos a la Casa de las Conchas.

Como Salamanca es una ciudad de leyendas, la Casa de las Conchas no podía quedarse sin la suya: 

La familia propietaria del edificio escondió sus joyas bajo una de estas conchas que adornan la fachada dejando documentado la cantidad escondida pero no la concha donde se ubicó, y quien quiera aventurarse a buscar ese tesoro debe aportar con anterioridad la cantidad estipulada como fianza. Si encuentra el tesoro se lleva este y recupera su aportación, de lo contrario perderá el dinero dejado en prenda.

Entramos dentro de la Casa de las Conchas, porque es de entrada gratuita, dentro se encuentra un patio con una exposición de fotografía, y una biblioteca pública. 

7.Hasta llegar a la Plaza Mayor hay que seguir todo recto y allí íbamos recolectando papeles que te dan los bares colindantes para ofertarte su menú. Terminaríamos cayendo en uno de ellos.

La plaza Mayor de Salamanca es una réplica casi exacta de la Plaza Mayor de Madrid o la Plaza de la Corredera de Córdoba. 

Mi abuelo cuenta que allí por los años 50 los chicos daban la vuelta a la plaza por su izquierda, y las chicas por su derecha, encontrándose así frente a frente los unos con los otros. Oportunidad para poder hacerse hacer un pequeño gesto o insinuación, nada descarado, por supuesto.

En esta plaza podemos encontrar a día de hoy el Café Novelty (1905), lugar de encuentro para muchos intelectuales como Unamuno.

 

 Comimos en el Restaurante el Ave, un restaurante con muy buena calidad precio, no es low-cost pero sí lo mejor del lugar intentando evitar menús para guiris pero comiendo en un enclave histórico como es la calle Libreros. Fue nuestro homenaje.

 

Bajamos después por la calle San Pablo y aprovechamos a ver el Palacio Orellana. Lo más atractivo de este palacio es su patio interior, el cual no se puede ver ya que el palacio se mantiene cerrado.

Ya se iba acercando el final, pero antes queríamos bajar la comida dando un paseo de vuelta al coche.

8.Pasamos por el Convento de San Esteban, está emplazado en una pequeña laza que recuerda a la plaza Anaya, no arquitectónicamente, pero sí en cuanto al ambiente, en sombra, muy agradable para poder sentarte y admirar la belleza del lugar. El interés del interior de la iglesia recae en el retablo de estilo barroco y los techos formando un manto de estrellas azul.

 Nuestra penúltima parada fue la Cueva de Salamanca a la que llegamos por la calle San Pablo.

Este lugar también esconde una leyenda:

9.Se dice que el Diablo en persona impartía clases de nigromancia y esoterismo en esta Cueva, situada en la Cuesta de Carvajal, a grupos de siete estudiantes durante siete años.

Al concluir los estudios uno de los estudiantes, elegido por sorteo, había de quedar al servicio del demonio como pago a sus enseñanzas. El Marqués de Villena fue uno de los elegidos. Consiguió huir con vida, aunque en su huida perdió la sombra, lo que le hizo quedar señalado como seguidor de Satanás.

 

De esta leyenda Cervantes escribió el entremés La cueva de Salamanca. Se la leímos a los niños mientras nos sentábamos todos donde podíamos.

 10.La última parada fue el Huerto de Calixto y Melibea un jardín de más de 2.000 metros cuadrados decorado a la antigua usanza de los jardines nobiliarios y palaciegos. Aquí se cree que se desarrolla la trama de La Celestina de Fernando de Rojas (1502) y conocida como la Tragicomedia de Calixto y Melibea.

 

 

 

Parecen muchísimos sitios y cosas que ver pero Salamanca es realmente pequeño y los edificios están muy cerca unos de los otros. Nosotros éramos 9 personas llevando un paso de niños de 7 años y sin prisa, haciéndonos muchas fotos y parando para descansar. Y nuestra visita terminó a las 6 de la tarde con la vuelta al pueblo.

Hay muchos más sitios si queremos alargar la visita: la Torre del Clavero, la Casa de las Viejas, el Convento de las Dueñas, el Palacio de Monterrey, la Plaza de Colón, la diputación provincial de Salamanca, la Iglesia de Santiago Arrabal, el Jardín de los Jesuítas y el Patio de las escuelas menores (muy recomendable) 

Además ya se sabe lo que se dice: Salamanca no se visita una única vez en la vida, siempre se vuelve.