Texto: Eduardo Diéguez. Fotos: Enrique Tapia.                                     22/10/2017.

Es durante el reinado de Luis XV cuando todo París era conocedor del 'savoir faire' hedonista con que el monarca regalaba a su corte intramuros del Palacio de Versalles. 

Es precisamente ahora cuando se configura lo que Starobinski acuñó como el «imaginario de libertad del siglo XVIII», una especie de fantasía de lo que debería ser una sociedad feliz y libre. La sociedad empezaba a crear un código de valores morales paralelos a la moralidad convenida, conocido y aceptado por la mayoría pero que por supuesto quedaba al margen de la ley. Este imaginario copiaba muchas de las ideas que ya se habían fijado para hablar de otras épocas, como el erotismo clásico, la tradición humanista profana o la mitología pagana. Se había confeccionado una ilusión de perfil elegante y frívolo, completamente libre de constricciones y moralidades represivas, donde el amor se sustituye por la carnalidad y la pasión del carpe diem, «culpable y deliciosamente abocada a una fiesta despreocupada», a la galantería, a los placeres y «la dulzura de vivir». El trasvase de las ideas moralistas a las artes y las letras daría lugar a la creación de un imaginario erótico de muy fácil difusión social. La gente podía experimentar, aunque solo fuese mediante la imaginación, las relaciones extramatrimoniales, el juego del deseo desobediente con un desconocido, el voyeurisme, el lesbianismo, o escenas licenciosas que iban desde la masturbación hasta las orgías más fielmente detalladas. Obras como Le Point de lendemain, de Denon, permitían un goce legítimo en la absoluta impunidad que aseguraba la intimidad de la alcoba.

ALGUNOS DATOS_________

Ediciones: 28.

Lugar: Bodegas Monje.

Ciudad: El Sauzal.

Provincia: Tenerife.

Dueño: Felipe Monje.

Directores evento: Jaster.

                            Luis.

Actores y personal evento:

             Isa Robaina.

             Micaela Valencia.

             Amanda.

             David.

             Brenda.

             Antonio.

             Gabriel.

             José.

             Irene.

             Kike.

             Guacimar.

             Juliana.

   

Y he aquí que en este vaivén entre la ficción que dominaba las mentes y las realidades clandestinas, el culto al placer y la esencia femenina acabarían encontrándose para definir algo transcendente en la identidad del hombre como sujeto social. La mujer encarna desde su feminidad el erotismo que corona al boudoir (tocador) como un templo de seducción, que ya empieza a confundirse ingenuamente con el amor. Nace así la elegancia de un boudoir hedonista que se aleja cada vez más de la pornografía pueril para consagrarse a lo divino. Muchas de las leyendas en torno a «la femme fatale» encuentran aquí su razón de ser, la transformación en deidad de la mujer en un lugar entre lo real y lo místico que confronta la vulnerabilidad del hombre frente al peligro de un deseo irremediable encarnado en la mujer. Las mascaras, los roles interminables pero al mismo tiempo conocidos y deseados. El anhelo de una caricia esquiva oculto tras el anonimato del juego de máscaras o el anonimato de la penumbra. 

Con el vino y el sexo como excusa, Bodegas Monje nos transporta al siglo XVIII entre copas de vino y una performance participativa que nos incita a disfrutar de lo efímero del placer y la relación entre erotismo y vino.

Una vez entrados en situación y rodeado de barricas, la luz roja predominante y extraños sonidos nos desinhíben olvidando por unas horas cualquier atisbo de pudor e ideas preconcebidas dejándonos descubrir nuestros deseos más íntimos en una velada inolvidable de sensaciones. Pintores de cámara con lienzos vivos, bailes y juegos se sucedían con algunos convidados en evento tan poco habitual. Experiencia transgresora que recomendamos tomar en altas dosis porque sera a todas luces inolvidable. Un evento vital para recordar en la memoria y repetirlo tantas veces sea posible por si se desvanece.

 

Varios espacio y distintos espectáculos nos descubren diferentes escenarios eróticos donde los asistentes participan activamente en los juegos. 

En definitiva una elegante elección para descubrir el lujo del erotismo y el vino descubriendo nuestros más oscuros deseos y perversiones.

 

Según los organizadores de Wine & Sex las estadísticas no mienten y seguro que más de la mitad de los que participan 

seguirían disfrutando del resto de la noche con la misma intensidad con la que se habían ido desarrollando las casi cinco horas de espectáculo.

Sin dudarlo le damos 3LUX y ya esperamos la próxima edición.

 SEX & WINE. El evento erótico que nos transporta a S. XVIII.

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