Texto: Gema Gómez Rodríguez Fotos: LuxMoments y Pepe Ortega/DYDPPA

La exposición “Patrimonio Flamenco” trajo a la Biblioteca Nacional un recorrido extraordinario por la historia del arte jondo, la expresión más española de nuestro país. 

Entre los pasillos se respira el duende de los cantes flamencos más antiguos de la historia, centrándose el recorrido en su etapa de nacimiento. 

Taconeos, faldas al aire, palmas… Todo ello acompañando a los artistas más importantes de la época. Esta disciplina no pasó ni pasa desapercibida por ningún artista de todo tipo, así pues, el flamenco ha sido objeto de deseo e inspiración de fotógrafos como Clifford, cineastas como Carlos Saura e incluso escritores como Bécquer.

En la exposición la Biblioteca Nacional nos brindó los documentos que atestiguan la primera aparición del adjetivo “flamenco” en la prensa, un pequeño trozo de clip de la primera bailaora mujer de flamenco de la historia Carmencita Dauset e incluso las partituras de la obra más famosa de Paco de Lucía Entre dos aguas.

La cuarta fase como decía anteriormente es la más intensa para esta disciplina, después de haberse impuesto como expresión habitual de los pueblos andaluces y haber superado toda serie de críticas pudo alzarse como objeto de estudio y de deseo para muchos intelectuales. Es entonces cuando su baile y su cante empieza a formalizarse y a desarrollarse con un carácter unitario, esto es, nace la flamencología y los distintos palos del flamenco. Ya nos encontramos sobre los años 56, si echamos la vista atrás no hace tanto tiempo en comparación con otras disciplinas como el ballet. Como consecuencia, en 1958 se fundó en Jerez de la Frontera la primera Cátedra de Flamencología, la más antigua institución académica dedicada al estudio, la investigación, conservación, promoción y defensa del arte flamenco.

Desde entonces todo fue para arriba hasta nuestros días y a ese aspecto se dedica la 5ª fase de la exposición. El flamenco empezó a extenderse como la pólvora por países lejanos como Argentina y Francia, donde curiosamente se vendía como la mejor ciudad para dar a conocer el flamenco.

El recorrido se divide en cinco tramos encontrando la 4ª como la más interesante de todas. Hasta entonces vemos el nacimiento del flamenco en la cultura española alrededor de la etapa de la posguerra, no tiene nada de especial ya que hay historiadores que señalan que las grandes disciplinas artísticas, las obras más relucientes de la humanidad y los nuevos movimientos artísticos tienen lugar al final de una etapa terriblemente dolorosa para el ser humano. Y es en ese término donde encontramos el flamenco. Un arte de carácter desgarrador, muy fuerte e incluso agresivo que no busca en absoluto la fineza de los movimientos sino transmitir sentimientos verdaderos y poderosos e incluso revelación con los “buenos modales de la alta sociedad”.

Esto explica un rasgo importante de las siguientes etapas que acompañaran al flamenco en su desarrollo, una fase tan original como desconocida para la sociedad hasta ahora, con esta exposición. “Los antiflamenquistas”, la exposición dedica un pequeño pasillo a ellos, grandes ilustrados e intelectuales de la sociedad de la generación del 98 que despreciaban este cante y esta forma de bailar por resultarles basta y de mal gusto. Su precursor fue el escritor madrileño Eugenio Nobel quien acusaba a estas prácticas las causantes del atraso económico y cultural de España en comparación con los demás países europeos. Aunque este grupo tuvo su cierta importancia en la época y se hicieron oír encontraron muchos detractores a los cuales les acompañaba un cierto renombre que aplacaba cualquier crítica, como es el caso de Antonio Machado.

Sin duda resulta un círculo cerrado que une a aquellos artistas como El Planeta, El Mochuelo, Encarnación la Rubia y Lázaro Quintana con los nuevos que intentan reinventarse como Antonio Gades, Morente, Paco de Lucía… Y lo más significativo es que no se queda en un recorrido intrínseco a los artistas propios del arte jondo, sino que se intenta mostrar con ímpetu el flamenco como parte costumbrista de la cultura española que ha sido alabada por numerosos estudiosos y grandes genios como Carlos Saura, Calderón de la Barca, Machado, Cadalso, Goya, Picasso e incluso el grafitero Suso 33. En definitiva, una unión de muchísimos artistas de muchísimas disciplinas distintas y de muchísimas épocas por un mismo eslabón: El flamenco.

¿Quién dijo que el ballet era sólo para niñas? Les ballets Trockadero de Monte Carlo no.

Un grupo de hombres enamorados de la danza decidió reconvertir el mundo de los ballets tradicionales en el año 1974 en Nueva York. No hay que aclarar que son bailarines profesionales, pues ningún ser sobre la faz de la Tierra puede aguantar casi dos horas sobre una zapatilla de punta sin la disciplina correspondiente.

Ellos decidieron reconvertir y dar una vuelta a lo que hasta entonces se conocía como ballet y las expectativas que la gente tenía al acudir al teatro a ver una obra de estas características. Sin lugar a dudas consiguieron sorprender a su público y este les aceptó con los brazos abiertos, tanto que llevan 43 años versionando obras clásicas.

Su objetivo es representar las obras de siempre de la danza clásica tiñéndolas certeramente de un humor muy característico. Esto no quiere decir que las ridiculicen ni mucho menos, sino que pretenden romper estereotipos que se instalan en la danza como en cualquier otro rincón de la cultura y de la sociedad. Como bien apunta su director, Tory Dobrin (anteriormente bailarín de la compañía) no quieren imitar a mujeres bailando, sino que son hombres bailando como hombres pero con ropa de mujer. Y es así como consiguen darle humor a la representación.

Toda la compañía ha negado un mensaje reivindicativo o sexual, sino más bien una ruptura de estructuras que acompaña al humor por sus fallos en el mimetismo con la obra original y el carácter puramente masculino a pesar de los atuendos utilizados.

 

Les ballets Trockadero de Monte Carlo está formado por un conjunto de 18 bailarines que ensayan muy duramente para que dentro de la imperfección encontremos irónicamente la perfección. Los 18 bailarines interpretan durante todo el tiempo tanto los papeles masculinos como los femeninos indistintamente.

Lo que a muchos les puede parecer una ida de olla o una escena sacada de la propia película Moulin Rouge de Luhrmann ha terminado por ser una compañía bien asentada que da empleo a 37 personas y deambula por más de 600 ciudades.

La escenografía de la compañía es su punto fuerte: Gigantescas pestañas postizas negras aleteando, kilos y kilos de base de maquillaje y mejillas más sonrojadas que el personaje de Heidi esconden detrás a un hombre de pelo en pecho que se introduce en un tutú gigante y unas puntas de la talla 45. A pesar de lo que pudiera parecer y su estética drag, sus bailarines no mencionan en ninguna de sus entrevistas la palabra “travesti”. Además no son tan superficiales como una compañía tradicional rusa como el Bolshoi, aquí da igual contratar a un pequeño hombretón de 1,60m o a uno de 1,90 y ponerles al lado en el famoso pas de quatre del Lago de los Cisnes. Y ahí es donde reside su atractivo.

Todo este espectáculo rocambolesco de danza y humor llega a Madrid el 29 de Marzo a los Teatros del Canal. Eso sí, si eres de los que le chirrían los dientes al ver un arasbesqe con poca resistencia y equilibrio, quintas sin apurar al máximo o pirouettes deambulantes por el escenario NO es tu mejor opción. Pero si quieres pasar un buen rato combinando una danza desastrosa llena de humor acércate a partir del 29 de Marzo a los Teatros del Canal de Madrid.

 Pequeña historia sobre El Flamenco     2017/08/09. 

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