Texto: Elena Díaz Alonso              2019/02/10

Fotos: The Glimpse Studio Madrid

 RESTAURANTE WILLY, PALMONES, CADIZ, ESPAÑA 

A pesar de ser un pequeño pueblo pegado al mar, Palmones (Cádiz) enamora a sus visitantes por su impresionante entorno natural, gracias a sus dos kilómetros de playa y a la desembocadura del río Palmones, formando sus conocidas Marismas. Pero ese no es todo su encanto. Día a día, este pueblo pesquero acoge a infinidad de visitantes atraídos por su buena mesa. Son muchos los sitios en los que poder comer, pero hay uno que destaca por su calidad.

El Restaurante Gastrobar Willy se encuentra situado en la avenida principal de esta pequeña población. Su agradable ambiente se complementa con el buen trato de todos sus trabajadores, y el saber hacer de su dueño, Antonio, quien atiende a cada uno de sus comensales de manera personal, acompañado de su hija Cristina. Si algo llama la atención de este emblemático lugar es su excelente variedad gastronómica. 

Para aquellos que quieran tomar algo de manera distendida, Willy pone a su disposición el Gastrobar. Su carta se caracteriza por los contrastes culinarios que ofrece. Desde el típico cartucho de pescaíto frito hasta platos asiáticos, una buena cazuela de arroz del señorito o arroz negro, y sus boletus con jamón.

Si por el contrario, la idea es sentarse a comer de una manera más distendida y sin prisas, su oferta es de lo más variada. Entre los entrantes que invitan a abrir boca para lo que vendrá después, podemos encontrar el pulpo, los calamaritos a la plancha, una buena ensalada o pescaíto frito. Pero el plato fuerte de este local reside en sus pescados salvajes, desde una lubina hasta el voraz, bien a la plancha o con la inigualable salsa de la casa. La carne también tiene un lugar primordial en Willy. Desde un buen chuletón de retinto hasta el cerdo ibérico en cualquiera de sus especialidades, como la presa, el lagarto, el secreto o el abanico.

Y para poner la guinda del pastel, qué mejor que terminar esta buena comida con uno de sus postres caseros. Cualquiera de sus tartas o milhojas, con infinidad de sabores, harán caer en la tentación al comensal menos goloso.