VOGUE FASHION NIGHT OUT     Texto: LuxMoments Fotos:The Glimpse Studio Madrid      01/10/2018          

La Vogue Fashion Night Out reune todo lo que no me gusta y poco de lo que si. El postureo desmedido de jóvenes a los que solo importa una nueva entrada en redes, los ‘likes’ que pondrán, los que perderán y como se vestirán para destacar. Fotocoles bizarros de gente que se visten de otros para aparecer en el papel cuche.  Gente a los que no importa lo más mínimo a que van si lo importante es que le vean. Quedar con los amigos y marcar un ‘dress code’. Todos de blanco, negro o de color. Es la fiesta de los grandes canaperos. Aquellos que se reúnen con el único fin de visitar tantas tiendas como puedan y arramplar con todo lo que sea. Desde un polo de fresa a una bolsa de congelados, eso sí estampado. 

 

 

 

 

Camino por Serrano. Alucinado en una cálida noche de septiembre. Las tiendas abiertas hasta media noche y los neones, traen a mi mente imágenes ya olvidadas de lugares lejanos donde las ciudades, siempre vivas, también se viven de noche. Donde los colores, olores, los sonidos, …  se entremezclan para conformar la postal perfecta de lo que ha de ser una urbe moderna. Romper con los estereotipos forma parte de la evolución se las sociedades. Me gusta vivir la ciudad de noche, poder elegir donde y como disfrutar. Sobre todo, hacerlo con la mayor oferta posible, no solo gastronómica. 

 

 

Desfiles de moda, exposiciones, tiendas, comida, … Entremezclar las distintas faunas urbanas no tiene que ser excepcional, ha de ser lo normal. Aquí todos van, vamos, cortados por el mismo patrón. La idea sería que todos fuéramos como quisiéramos sin miradas esquivas. No es el caso. La Fashion Night Out marca un código determinado. Hipster, ‘pijo’ o arreglado. Si no, quédate en casa.

 

La VFNO es el ejemplo perfecto de una sociedad alienada que demanda la aceptación de los demás para ser incluida en el canon. Hordas de jóvenes de caza’ paseando en la milla de oro disfrutando de una noche con todo ‘gratis’. Fiestas en cada tienda con regalitos, música en directo, selfies con famosos y las redes ‘petadas’ de imágenes efímeras que alimentan el ego a corto plazo y que nos exigen alimentarlas cada día.

 

Ir a la VFNO es un ejercicio de paciencia infinita donde uno espera disfrutar del momento y vivirlo esperando poder volver el año que viene y descubrirnos haciendo las mismas cosas.

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